El robo de tu voz….
Si algo ha retumbado y ha hecho temblar las viejas estructuras de las mentalidades tradicionales es la baja votación (en comparación con las anteriores votaciones voluntarias, que ya venían en descenso) que han recibido todos los partidos en relación a la masa total del cuerpo electoral. Realmente, los políticos se han dado cuenta y empiezan a tener miedo. Estúpidamente, crearon un agujero negro en el sistema y no se habían dado cuenta de sus posibles consecuencias hasta ahora. Se habían creído infalibles por el mismo espejismo generado gracias al voto obligatorio. Pero ya se están poniendo nerviosos porque ellos necesitan vestirse con porcentajes, con números altos para mostrar lo “grandiosos” que son y la “fuerza” que tienen. Parece ser que hay una parte de la población que ya no se los toman en serio y les empiezan a menoscabar esa legitimidad que necesitan. ¿Cómo? Muy simple, a la primera oportunidad de mostrar indiferencia, como en la instancia de un voto voluntario, se la muestran. Y algunos políticos se empezarán a preguntar (como cuando nos mandamos algún error o travesura y queremos escrutar en la cara de los demás si nos han descubierto) si todos los años de doble discurso, política barata, demagogia, clientelismo y amiguismo empiezan a surtir efecto.
Las consecuencias ya las está pagando el partido colorado desde las elecciones del 2004 (increíblemente las consecuencias las paga recién por la crisis del 2002 pero no por las décadas de clientelismo, lo que habla del nivel intelectual de la población), el partido nacional como ha vendido que fue “oposición”, viene más o menos mejorando (aunque muchas veces, y no solo en los últimos gobiernos tradicionales, una facción del partido nacional se aliaba a la facción gobernante del partido colorado), y finalmente, el Frente Amplio que en su primer gobierno ha seguido con las prácticas tradicionales de clientelismo y cobardía ante el status quo de la situación, ha comenzado su proceso de desgaste. Por todo esto, hay miedo. Ante la situación, quedan dos opciones: la primera, hacer una política en serio que encare el futuro de verdad, remover el status quo, elevar el nivel de la política y afrontar la reforma del estado inevitable aunque eso signifique decirle que “no” a fuentes de votos cautivos de los sindicatos estatales y, por supuesto, encarar la inserción en la globalización como una de las necesidades imperiosas para mejorar socio económica, cultural e intelectualmente Por otra parte, la segunda opción es más fácil y no requiere tanto esfuerzo ni trabajo. Reformar de el mecanismo electoral para que no queden “agujeros negros” y no exista la oportunidad de fisuras en el sistema que demuestren signos de agotamiento, cansancio y descreimiento con esa clase política osificada, estática y vieja que subjetivamente se creen mucho pero que tiemblan cuando empiezan a ver lo que pasa cuando hay voto voluntario. La verdad es que necesitan vestirse con tu voto, necesitan “usarlo”, necesitan decir: “vieron que fabuloso soy, a mí me votó tanto por ciento…” pero si tuvieran calidad de verdad como políticos y creyeran realmente en la honestidad intelectual dejarían que el voto fuera voluntario para ahí sí tener que esforzarse en la motivación de la población y ahí sí tener que subir el nivel intelectual de la discusión y dejarse de joder con el maniqueísmo tipo Nacional- Peñarol, a sabiendas de que si no lo hacen, podrían sufrir las consecuencias de la deslegitimación a través de la indiferencia de cierta parte de la población en el día de sufragio. Podrían aceptar el desafío. Pero, obvio, eso no lo van a hacer porque son ante todo, mediocres e hipócritas y si jamás ven más allá de dos centímetros por delante de su nariz, menos lo van a hacer ahora. Van a decir “uh, listo eliminemos la instancia de voto voluntario y ya está, queda todo silenciado”.
He escuchado por allí a algunos que dicen, con cierto aire argumentativo, que las capas marginadas socio económica y culturalmente no han ido a votar. De acuerdo, podrá ser así pero eso… ¿justifica algo? He visto asentamientos (es decir, un lugar donde vive gente marginada por la sociedad) en los cuales la sociedad civil activa genera sus propias cooperativas para salir adelante, para mejorar su calidad de vida, para conseguir los objetivos que se proponen porque bien saben que del resto de la sociedad, muy cómoda en su propia mediocridad, no tienen nada que esperar. O peor, si esperan algo, son dificultades burocráticas y que les empiecen a succionar la riqueza que generan. Las personas pobres (o más técnicamente marginados) de los asentamientos son los primeros en saber lo horrible y egoístas que son los uruguayos y su clase política. Muchos saben que mientras a ellos les tiran unos mangos para sentirse bien consigo mismo y auto evangelizarse “soy progresista”, no son capaces de darles herramientas para ganar en autonomía y salir al mercado con una educación apropiada brindada por el estado o una ONG o la institución que corresponda. No, por el contrario, les dan limosnas sin perspectivas y, además, el peor de los insultos, claudican ante la burocracia estatal y pagan sueldos inauditos porque sí para después decir que no se puede mejorar más los asentamientos porque “es lo que hay”. A no descalificar al votante marginado de la sociedad, por el contrario, parte de ellos tienen la lucidez para decirte en la cara y saber en carne propia lo egoístas y mierda que somos como sociedad. Y cuando les dieron la oportunidad de no votar, muchos la aprovecharon y no fueron.
Ahora, la coalición de políticos para defender el sistema clientelista que margina o asfixia a muchos y mima a una elite va a intentar borrar el error que han cometido al dejar atrás la posibilidad de votar voluntariamente. Necesitan canonizarse obligadamente con tu voto porque parece que el nivel para ganarse la legitimidad de otra manera no lo tienen. Obviamente que muchos, por otro lado, sí se tragarán acríticamente el circo que se viene como siempre, para alivio de los políticos que quieren conservar el poder pero son muy mediocres para mostrar más nivel y nuevas ideas. Antes, yo pensaba que el voto obligatorio estaba bien porque genera conciencia cívica pero me arrepiento porque ahora considero que es una forma de callar una voz y una forma de aplastar lo que va quedando por fuera del sistema excluyente que tenemos. Hay que escuchar los que se han callado y saber porque se han callado. Y esos que se venden como grandiosos van a tener que asumir que su falta de empeño y carácter para reformar el status quo del país les está pasando factura en ciertos sectores de la población. Y si no hay autocrítica para mejorar, habrá seguramente ley del garrote, es decir, vas a votar obligatoriamente siempre o pagás las consecuencias. Atrás de esta arbitrariedad, obvio, va a haber lo de siempre: cobardía para cambiar, mezquindad e impotencia.
Las consecuencias ya las está pagando el partido colorado desde las elecciones del 2004 (increíblemente las consecuencias las paga recién por la crisis del 2002 pero no por las décadas de clientelismo, lo que habla del nivel intelectual de la población), el partido nacional como ha vendido que fue “oposición”, viene más o menos mejorando (aunque muchas veces, y no solo en los últimos gobiernos tradicionales, una facción del partido nacional se aliaba a la facción gobernante del partido colorado), y finalmente, el Frente Amplio que en su primer gobierno ha seguido con las prácticas tradicionales de clientelismo y cobardía ante el status quo de la situación, ha comenzado su proceso de desgaste. Por todo esto, hay miedo. Ante la situación, quedan dos opciones: la primera, hacer una política en serio que encare el futuro de verdad, remover el status quo, elevar el nivel de la política y afrontar la reforma del estado inevitable aunque eso signifique decirle que “no” a fuentes de votos cautivos de los sindicatos estatales y, por supuesto, encarar la inserción en la globalización como una de las necesidades imperiosas para mejorar socio económica, cultural e intelectualmente Por otra parte, la segunda opción es más fácil y no requiere tanto esfuerzo ni trabajo. Reformar de el mecanismo electoral para que no queden “agujeros negros” y no exista la oportunidad de fisuras en el sistema que demuestren signos de agotamiento, cansancio y descreimiento con esa clase política osificada, estática y vieja que subjetivamente se creen mucho pero que tiemblan cuando empiezan a ver lo que pasa cuando hay voto voluntario. La verdad es que necesitan vestirse con tu voto, necesitan “usarlo”, necesitan decir: “vieron que fabuloso soy, a mí me votó tanto por ciento…” pero si tuvieran calidad de verdad como políticos y creyeran realmente en la honestidad intelectual dejarían que el voto fuera voluntario para ahí sí tener que esforzarse en la motivación de la población y ahí sí tener que subir el nivel intelectual de la discusión y dejarse de joder con el maniqueísmo tipo Nacional- Peñarol, a sabiendas de que si no lo hacen, podrían sufrir las consecuencias de la deslegitimación a través de la indiferencia de cierta parte de la población en el día de sufragio. Podrían aceptar el desafío. Pero, obvio, eso no lo van a hacer porque son ante todo, mediocres e hipócritas y si jamás ven más allá de dos centímetros por delante de su nariz, menos lo van a hacer ahora. Van a decir “uh, listo eliminemos la instancia de voto voluntario y ya está, queda todo silenciado”.
He escuchado por allí a algunos que dicen, con cierto aire argumentativo, que las capas marginadas socio económica y culturalmente no han ido a votar. De acuerdo, podrá ser así pero eso… ¿justifica algo? He visto asentamientos (es decir, un lugar donde vive gente marginada por la sociedad) en los cuales la sociedad civil activa genera sus propias cooperativas para salir adelante, para mejorar su calidad de vida, para conseguir los objetivos que se proponen porque bien saben que del resto de la sociedad, muy cómoda en su propia mediocridad, no tienen nada que esperar. O peor, si esperan algo, son dificultades burocráticas y que les empiecen a succionar la riqueza que generan. Las personas pobres (o más técnicamente marginados) de los asentamientos son los primeros en saber lo horrible y egoístas que son los uruguayos y su clase política. Muchos saben que mientras a ellos les tiran unos mangos para sentirse bien consigo mismo y auto evangelizarse “soy progresista”, no son capaces de darles herramientas para ganar en autonomía y salir al mercado con una educación apropiada brindada por el estado o una ONG o la institución que corresponda. No, por el contrario, les dan limosnas sin perspectivas y, además, el peor de los insultos, claudican ante la burocracia estatal y pagan sueldos inauditos porque sí para después decir que no se puede mejorar más los asentamientos porque “es lo que hay”. A no descalificar al votante marginado de la sociedad, por el contrario, parte de ellos tienen la lucidez para decirte en la cara y saber en carne propia lo egoístas y mierda que somos como sociedad. Y cuando les dieron la oportunidad de no votar, muchos la aprovecharon y no fueron.
Ahora, la coalición de políticos para defender el sistema clientelista que margina o asfixia a muchos y mima a una elite va a intentar borrar el error que han cometido al dejar atrás la posibilidad de votar voluntariamente. Necesitan canonizarse obligadamente con tu voto porque parece que el nivel para ganarse la legitimidad de otra manera no lo tienen. Obviamente que muchos, por otro lado, sí se tragarán acríticamente el circo que se viene como siempre, para alivio de los políticos que quieren conservar el poder pero son muy mediocres para mostrar más nivel y nuevas ideas. Antes, yo pensaba que el voto obligatorio estaba bien porque genera conciencia cívica pero me arrepiento porque ahora considero que es una forma de callar una voz y una forma de aplastar lo que va quedando por fuera del sistema excluyente que tenemos. Hay que escuchar los que se han callado y saber porque se han callado. Y esos que se venden como grandiosos van a tener que asumir que su falta de empeño y carácter para reformar el status quo del país les está pasando factura en ciertos sectores de la población. Y si no hay autocrítica para mejorar, habrá seguramente ley del garrote, es decir, vas a votar obligatoriamente siempre o pagás las consecuencias. Atrás de esta arbitrariedad, obvio, va a haber lo de siempre: cobardía para cambiar, mezquindad e impotencia.

2 Comments:
Por qué pensas que el voto en blanco y anulado no sustituye a la abstinencia?
Si aún quedan dudas si se puede o no compartir, algo con esta gente visita la siguiente página y veras que es imposible
http://www.cedema.org/index.php?ver=mostrar&pais=2&nombrepais=Uruguay
Creo que estamos volviendo al pasado, esto es muy grave y creo que se debiera difundir más.-
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